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Efemérides

El último aplauso a la leyenda: cuando Jordan se despidió del básquet

Un 16 de abril de 2003, contra Philadelphia 76ers, Su Majestad tuvo su verdadero último baile y transformó una derrota en una ovación eterna.

El último aplauso a la leyenda: cuando Jordan se despidió del básquet
MJ y su adiós al básquet (Getty)

Es 16 de abril y la memoria del básquet se detiene en Michael Jordan. Aquella noche de 2003, con la camiseta de los Washington Wizards, el más grande de todos cerró su carrera en una derrota 107-87 ante los Philadelphia 76ers. Pero el resultado fue apenas una anécdota: el partido se convirtió en un homenaje en vida, incluso en territorio históricamente hostil.

La escena tuvo algo de guion perfecto. Durante la presentación, el público de Philadelphia abucheó a cada jugador… hasta que llegó su nombre. Para ese instante, trajeron especialmente al histórico anunciador de Chicago Bulls, como si el tiempo retrocediera a los años 90. La reacción fue inmediata: ovación cerrada, aplausos sostenidos, respeto absoluto. El verdugo de tantas noches ajenas era, por última vez, el héroe de todos.

En la cancha, Jordan dejó pinceladas de su esencia: 15 puntos (6-15 en tiros), 4 rebotes y 4 asistencias. Pero el momento inolvidable llegó sobre el cierre. A falta de poco más de tres minutos, volvió a ingresar tras el clamor del público —“We want Mike”— y recibió una falta intencional para lanzar los dos últimos tiros libres de su carrera. Cada bote de la pelota, cada segundo, se vivió como una ceremonia.

El cierre fue tan simbólico como humano: compañeros y rivales aplaudiendo, el estadio de pie y Jordan saludando con serenidad. “La gente de Philly hizo un gran trabajo… fue muy respetuoso”, diría luego. No hubo título, ni playoffs —aquellos Wizards terminaron 37-45—, pero sí algo más difícil: unanimidad emocional. Así terminó una carrera irrepetible: seis anillos, seis MVP de Finales, cinco MVP de temporada, diez títulos de goleo y un dominio que redefinió la NBA. Cada 16 de abril no se recuerda una derrota, sino el instante en que el básquet le dijo gracias al jugador que lo cambió para siempre.

Fuente: Básquet Plus

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