Hay caminos que se construyen lejos de casa, pero que terminan encontrando un nuevo lugar para quedarse. El de Sebastián Puebla es uno de ellos. Salió de Las Breñas hace casi tres años y hoy, en la santafesina Gálvez, no solo encontró un club, sino también un sentido de pertenencia.
A sus 26 años, el escolta se transformó en una pieza importante de Santa Paula. No sólo por lo que aporta dentro de la cancha, sino por la energía, el compromiso y la identidad que transmite en cada partido.
Su temporada respalda ese crecimiento: 38 partidos jugados, cerca de 20 minutos por noche y un promedio de 7,3 puntos. Eficiente desde el perímetro, con 43% en tiros de dos y 31% en triples, suma además rebotes, asistencias y una presencia constante en el juego colectivo.
Pero más allá de los números, Puebla pone el foco en el proceso. “Sobre mi balance esta temporada creo que fue un balance positivo, una temporada de mucho aprendizaje, mucho crecimiento personal, creo que estoy muy contento por la temporada que hice y que vengo haciendo hasta ahora, así que nada, a seguir mejorando y preparándome”, cuenta a QuintoCuartoNea.com.
Su rol está claro y lo asume sin rodeos: “Soy el tirador, así que sumar tiro de tres puntos, también aportar energía, defender, agarrar rebote de donde me toque sumar siempre. Transmitir mucha energía, mucho compromiso y estar siempre a disposición de lo que me necesite el técnico”.
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Santa Paula también atraviesa un momento especial. Tras el ascenso, hoy pelea entre los ocho mejores del país y se prepara para enfrentar a La Unión de Colón en los cuartos de final de la Liga Argentina. “Somos conscientes de lo que se está logrando. Venimos de una temporada muy importante y hoy estar acá es una locura. Pero tratamos de mantener los pies sobre la tierra, estar enfocados y no distraernos”, explica Puebla, con la madurez de quien entiende el momento pero no se deja llevar por la ansiedad.
Y si hay algo que potencia al equipo es su gente. En Gálvez, el básquet se vive de cerca, en cada rincón, en cada saludo. “Las expectativas son muy altas. Es una ciudad donde se respira básquet. Los hinchas siempre están, te cruzan y te alientan. Eso se siente mucho”, dice.
El agradecimiento es sincero y constante: “Al hincha le diría muchas gracias por estar siempre en los momentos buenos y no tan buenos. También a los que hacen el esfuerzo de acompañarnos de visitante. Para nosotros es un plus enorme”.
En tiempos donde los resultados mandan, Puebla construye algo más duradero: identidad. La de un jugador que entendió su rol, que creció en el proceso y que hoy, lejos de su tierra, juega como si estuviera en casa. Con la serie de cuartos en el horizonte, el chaqueño no pierde el eje. “Quiero seguir aportando desde donde me toque. Estoy muy contento por este presente”, cierra. Y en esa frase simple, sin estridencias, se resume todo: trabajo, pertenencia y un camino que todavía tiene mucho por delante.
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