El comienzo de La Liga Federal 2026 marca mucho más que un nuevo calendario deportivo para el Club Atlético Estudiantes de Olavarría. Representa el inicio de un proceso, la consolidación de una idea institucional y, en lo personal, el cierre soñado de una historia que necesitaba volver a escribirse en casa. Así lo vive Federico Marín, quien jugó La Liga Nacional 2024/25 en Peñarol de Mar del Plata. "Pájaro", además tuvo una exquisita trayectoria pasando por clubes como Quimsa, La Unión de Formosa, Quilmes de Mar del Plata, San Lorenzo, Ferro, Estudiantes de Concordia y hasta el básquet italiano.
Nacido en San Justo (Buenos Aires), Federico Marín llegó al Club Atlético Estudiantes cuando tenía apenas 15 años, en 1998. Al año siguiente se consagró campeón de la Liga Junior y, siendo aún juvenil, vivió los primeros títulos en La Liga Nacional en las temporadas 1999/00 y 2000/01, integrando un plantel que marcó una época dorada de la mano de Sergio "Oveja" Hernández. Tras completar un año más como juvenil, Marín dio el salto internacional al básquet italiano, volviendo a enfundarse la camiseta albinegra como mayor en la temporada 2005/06, consolidándose como una figura de relevancia en la elite nacional.
Pero su historia no solo se construyó dentro de la cancha, sino también en el lugar donde eligió echar raíces. Con el paso de los años, estableció su proyecto personal en Olavarría, ciudad que siente como propia, donde también vive su hermano y con quien comparte desde la pasión por el básquet hasta un emprendimiento familiar. Ese arraigo fue determinante en decisiones profundas: en la actualidad, rechazó propuestas de La Liga Nacional y La Liga Argentina, priorizando quedarse cerca de sus afectos. Pero, por sobre todo, eligió quedarse por amor a Estudiantes, que lo recibió como adolescente, lo vio crecer y triunfar.
El regreso
“El regreso se dio por muchos factores”, explicó. No fue una decisión impulsiva ni aislada: hubo promesas en el medio. Promesas hechas a Richard (histórico utilero albinegro) y a su hijo, precisamente de 15 años. “Era algo que teníamos pendiente desde hace años, cuando él era más chico. Siempre nos preguntábamos si íbamos a poder compartir un equipo y estar dentro de la cancha juntos. Traté de mantenerme de la mejor manera posible para ver si llegaba a cumplir también esa promesa con él”, contó. La idea de volver al club nunca dejó de estar presente. Aunque el paso del tiempo y las circunstancias parecían alejar esa posibilidad, el deseo seguía latente. Hoy, esas puntas que durante años estuvieron sueltas lograron unirse: el regreso al plano nacional y la posibilidad de compartir equipo con Luca.
En lo deportivo, Marín valoró el trabajo que se viene desarrollando y destacó especialmente la tarea de Mariano Iglesias, a quien definió como alguien que “hace las cosas en silencio y de muy buena manera, y le llegó el momento justo”. Según explicó, el entrenador logró construir una buena química grupal y transmitir tranquilidad, algo clave para un plantel que apuesta al crecimiento sostenido. El proyecto no está pensado desde la urgencia. “No se buscó armar un equipo haciendo locuras ni pensando en una solución inmediata. Si fuese por mí, que me quedan pocas balas en el cartucho, apuntaría a salir campeón, pero la realidad es que hoy Estudiantes está para competir y profesionalizarse cada vez más”.
Esa profesionalización implica responsabilidad, tanto deportiva como financiera. “Tenemos que cumplir, cuidar la imagen del club y prepararnos cada año un poco mejor para la instancia que nos toque afrontar”, explicó. El crecimiento integral es otro de los pilares: fortalecer el básquet de inferiores, sumar más chicos a la estructura, competir también a nivel nacional desde las categorías formativas y consolidar instancias Prefederales. Además, celebró la integración del básquet femenino a través del trabajo de la subcomisión: “Era algo que había que incorporar y está buenísimo que se haya podido sumar”.
Marín asumió también un rol clave fuera del rectángulo de juego: fue el capitán del barco que empujó para que el "Bataraz" volviera a competir en La Liga Federal, conformando un equipo de trabajo dirigencial serio y comprometido. Hoy, ese esfuerzo se ve reflejado en una estructura ordenada, entendiendo al desarrollo integral como un único proyecto deportivo e institucional. Y esa coherencia se tradujo en hechos concretos, como la inversión cercana a los 150 millones de pesos -con fondos provenientes tanto de la cuota social como de aportes de la Comisión- en infraestructura. El resultado es una cancha en óptimas condiciones, símbolo de una convicción compartida: hacer las cosas bien, con responsabilidad y mirando al futuro.
En cuanto a los objetivos deportivos, el horizonte es claro y realista: “El primero será meternos en playoffs. Después veremos qué otro objetivo podemos cumplir”. El ascenso es el gran anhelo, pero como parte de un proceso. Con el debut en el Maxigimnasio cada vez más cerca -Estudiantes recibe a Racing el viernes 6 de marzo para iniciar su camino en la competencia-, Fede también dejó un mensaje para la comunidad: “Ojalá la gente venga, que disfrute, que se sienta identificada. Y el que no es del club, que también pueda acercarse y vivir un espectáculo. Esto le hace bien a la ciudad”.
“Lo estoy viviendo con mucha felicidad. Estoy dentro de la cancha, que es lo que más me gusta hacer, pero también dando una mano desde otro lugar”, expresó. Con la serenidad que le da la experiencia, entiende que transita los últimos capítulos de su carrera: “Siento que esta película está cerca del final, y no hay una manera más linda de cerrarla que uniendo todas las puntas”.
Fuente: Prensa Estudiantes de Olavarría
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