Logo de Quinto Cuarto Logo de Quinto Cuarto
Familia chaqueña de deportistas

Jorge Corbalán, el padre de la(s) criatura(s)

El básquet chaqueño está en un buen momento, con representantes de primera como Gonza y Juampi. Hijos del “Toro”, histórico en ambos lados del Puente General Belgrano.

Jorge Corbalán, el padre de la(s) criatura(s)
Los Corbalán:Juampi, Jorge y Gonzalo

En el mapa del básquet del nordeste argentino hay apellidos que funcionan casi como coordenadas. Corbalán es uno de ellos. Durante décadas, el “Toro” Jorge Pablo Corbalán fue un nombre inevitable cada vez que se hablaba del básquet del Chaco. El recorrido del Toro atraviesa generaciones, desde sus comienzos como jugador hasta el presente en el que acompaña el crecimiento de Juan Pablo y Gonzalo Corbalán, dos productos de la misma casa donde el básquet nunca se apaga.

Corbalán empezó a jugar a los cinco años en Villa San Martín, un club que forma parte de la historia familiar. Su abuelo fue uno de los fundadores y su padre también creció en ese ambiente. Aquella pertenencia temprana derivó en una carrera extensa que lo llevó por distintos puntos del país: San Andrés, Ferro, Olimpia de Venado Tuerto, Belgrano de Tucumán, Española, Italiana, Córdoba de Corrientes y Regatas Corrientes, entre otros. Fueron veinte años como profesional y más de tres décadas dentro de una cancha. En ese camino acumuló seis ascensos —un número que explica su peso en el básquet de categorías formativas y de ascenso— y también uno de sus mayores orgullos: el título del Argentino de selecciones con Chaco en 1996.

Desde hace alrededor de ocho años dejó el trabajo cotidiano como entrenador para asumir responsabilidades organizativas. Actualmente es coordinador de inferiores en Villa San Martín y también director deportivo de las formativas de la Federación Chaqueña. Él mismo lo explica con naturalidad: “Es un trabajo más complejo, porque tenés que organizar, elegir los equipos de trabajo y eso”. Aunque ya no dirige en el día a día, sigue vinculado a la formación de jugadores y al desarrollo estructural del básquet provincial.

Su mirada sobre el juego también se fue construyendo a partir de los entrenadores que marcaron su carrera. Corbalán tuvo el privilegio de compartir vestuario con algunos nombres fundacionales del básquet argentino. “Cada uno me agarró en distintas épocas. Lamas me agarró de juvenil en San Andrés, León Najnudel me agarra en mis primeros años en Ferro y Silvio Santander al final de mi carrera”, recuerda. De todos absorbió algo distinto, aunque reconoce una influencia particular: “Silvio fue el que más me marcó en ese momento, me mostró muchas pautas de sus entrenamientos y eso fue base fundamental para mí”.

Si hay un club que atraviesa su historia deportiva, ese es Regatas Corrientes. Allí vivió uno de los procesos más significativos de su carrera: el crecimiento de una institución que pasó de luchar en el ascenso a convertirse en una referencia nacional. Corbalán recuerda esa etapa con una mezcla de orgullo y nostalgia. “Me hacen sentir parte de la institución. Pasaron más de veinte años y seguimos con esa misma química”, cuenta. Aquellos años eran muy diferentes al presente del club. “Era más heavy, no había tanta disponibilidad económica. Viajábamos en traffic o combi, pero esas cosas son las que después te quedan para siempre”.

Entre los recuerdos más fuertes de aquella etapa aparece también la figura de Ale Coronel, compañero suyo en Regatas y protagonista de una historia de lucha personal que marcó al plantel. Tal como él, una bandera de provincia, al que recuerda cada vez que pisa el fortín rojinegro de San Martín de Corrientes. “Era una persona muy positiva. Cuando ascendimos, lo que le había pasado fue parte de nuestra motivación como equipo”, recuerda Corbalán. El equipo sintió que debía ese ascenso también para él que no pudo terminar la temporada por los dolores del cáncer que lo aquejaron, una muestra del espíritu colectivo que caracterizaba a aquel grupo.

El presente del básquet chaqueño es otro tema que lo convoca desde su rol actual. Chaco nunca logró sostener equipos durante mucho tiempo en la Liga Nacional, pero sí se consolidó como una provincia formadora. Corbalán lo explica desde adentro: “Siempre dije que Chaco necesitaba un ordenamiento más global. Es una provincia que saca mucha formación y ahora estamos teniendo ese convencimiento de cómo trabajar para sacar chicos adelante”. Ese proceso se refleja hoy en la presencia de numerosos jugadores chaqueños en el profesionalismo.

La vuelta de la Liga Nacional a Resistencia este año funciona como símbolo de ese crecimiento. La ciudad volvió a recibir partidos del máximo nivel casi cuatro décadas después de aquel antecedente de 1988, cuando Unión Progresista trasladó su localía al estadio de Regatas de Resistencia.  Villa San Martín mejoró su sede y prestó la cancha para un Regatas vs Independiente de Oliva, que tuvo precisamente al Torito Juampi Corbalán en cancha. Aunque hoy no haya un club chaqueño en la élite (San Martín es el más presente en la Liga Argentina), la provincia sigue produciendo jugadores: ocho fichas mayores nacidas allí participan actualmente en la Liga Nacional, una cifra que ubica a Resistencia entre las ciudades que más talento aportan al torneo.

Los hijos del Toro

Juan Pablo Corbalán brilla en Regatas de Corrientes.

Juan Pablo Corbalán, formado en Regatas, hoy es parte del equipo correntino, mientras que Gonzalo Corbalán, surgido de Villa San Martín, desarrolla su carrera en Europa con proyección internacional. Para muchos la pregunta es inevitable: ¿cómo de un interno robusto salieron dos jugadores exteriores? Corbalán lo responde con humor y memoria. “Cuando estaba en Ferro jugué más de dos o tres. Después me ensanché y me hice grande cuando volví para acá, pero tenía movimientos con la pelota y no tenía malos lanzamientos”.

El desarrollo de sus hijos nunca fue una competencia doméstica. Desde chicos hubo una decisión clara dentro de la familia. “Nunca permití la competencia entre Juampi y Gonza cuando eran chicos”, cuenta. Con el tiempo eso cambió, pero en otro contexto: “Ahora que son grandes sí hay competencia. Los entrenamientos Corbalán son muy duros”. En vacaciones, ambos vuelven a la casa familiar para entrenar juntos durante semanas antes de reincorporarse a sus equipos.

El básquet, de hecho, atraviesa la vida cotidiana de la familia. “En la casa Corbalán se vive el básquet las 24 horas”, dice Jorge. Aunque también reconoce que el talento deportivo no se limita a los varones: su esposa, Carolina Gutiérrez, fue campeona sudamericana en atletismo antes de dedicarse a la medicina, y su hija Ana Paula también tuvo una carrera de atleta y encontró su vocación en la arquitectura. “Por ahí me parece que ellas tienen más pergaminos que todos”, admite entre risas.

Gonzalo Corbalán es una fija en la Selección Argentina y desarrolla todo su talento en el básquet español. 

Con Gonzalo, el vínculo técnico fue más profundo. El propio jugador buscó esa relación para perfeccionar su juego. “Él se apoyó mucho en mí en la tecnificación”, explica su padre. Con el tiempo, incluso tuvo que actualizarse para acompañarlo. “Me tuve que perfeccionar también porque es un nivel muy alto”. Hoy el seguimiento incluye análisis de partidos, scouting y trabajo coordinado con preparadores físicos y entrenadores.

El Toro aclara que nunca quiso ocupar el rol de representante. “Eso lo maneja el agente, son otros tiempos”, señala. Pero sí mantiene un lugar fundamental en la parte humana y emocional. “Siempre hablamos mucho. Trato de que no se salga de ciertas conductas o procedimientos”, explica. Ese acompañamiento incluye incluso las decisiones importantes de la carrera. Una de ellas fue la salida de Gonzalo del sistema universitario estadounidense para continuar su carrera en Europa. En ese caso, fue el hijo quien convenció al padre. “Yo quería que se quedara, pero él vio que la universidad tenía un techo. Me dijo que en España no lo tenía”, recuerda. El tiempo terminó dándole la razón. “Ahí la vio él”, admite.

A pesar de las distancias, Corbalán sigue cada paso de sus hijos. Viaja cuando puede, mira todos los partidos y se involucra en cada etapa. “Los seguimos a todos, a Paraguay, a Brasil, a donde sea”, cuenta. Entre todos esos momentos hay dos que lo marcaron especialmente: un partido de Juampi en Santa Fe con Riachuelo y dos actuaciones de Gonzalo con la selección en la Americup ante Puerto Rico y Canadá. Ese seguimiento permanente tiene también un efecto personal. “Es un entretenimiento muy grande para mí, porque me mantiene vivo”, dice. La frase resume su presente: el Toro ya no es el jugador que peleaba ascensos ni el entrenador que dirigía todos los días, pero sigue conectado al juego desde múltiples lugares.

Entrevista de Básquet Plus

Comentarios

No hay comentarios todavia.