El 25 de mayo del año pasado, Nigel Hayes-Davis alcanzó su gloria máxima como jugador: campeón de la Euroliga con Fenerbahce y MVP de la Final Four. Era el paso que esperaba para hacer su intento por lo que (casi) todo jugador de básquetbol tiene como meta: jugar en la NBA. Él había tenido una primera vez en la 2017/18, pero virando entre tres equipos para no poder afirmarse. Y Nigel se fue otra vez.
Por el contrato mínimo (2 millones de dólares brutos), aterrizó en Phoenix Suns. Y ahí, otra vez el sueño frustrado: 27 partidos con los Suns, no entró en 12 de los últimos 17 encuentros y el 5 de febrero fue traspasado a Milwaukee, que al toque lo cortó. Fin del viaje menos de 9 meses después de la gloria mayor. Ahora rechazó una oferta de Panathinaikos pero todo indica que volverá a Europa. Como le viene ocurriendo a los grandes cracks de la Euroliga que intentan ese salto, desde Facu Campazzo a Micic, pasando por Vezenkov. ¿Cuál es el motivo? Varios. Primero, creemos, es que cada vez hay más distancia entre los mejores de Europa con el nivel general de la NBA. En lo deportivo pero, sobre todo, en lo físico. Salvo Facu, base, y en parte Micic, los otros dos no pudieron afianzarse en un puesto, el de alero, donde los NBA vuelan. Hayes-Davis es un poco más atlético (no demasiado), mientras que Vezenkov es exactamente lo opuesto.
Por otro lado, donde los europeos marcan diferencia es en lo táctico. Y en estos cuatro casos, ninguno pudo poner su marca en la NBA. Campazzo, salvo cuando se lesionó Murray (que lo hizo muy bien), en general no manejó el balón (lo hacía Jokic) y tampoco pudo disimular su falta de tiro exterior, algo clave para él, al que se le hacía muy difícil pisar pintura contra los voladores. ¿Podría haber encajado mejor en otro equipo? Es posible. Pero fue a dos y no pudo. Retornó al Madrid tres años después de irse, con paso previo por Estrella Roja, y de nuevo tiene la llave de la competencia.
Lo de Vezenkov es impactante. El búlgaro se fue en la 23/24, luego de ser el MVP de la serie regular de la 22/23 de la Euroliga y perder la final contra el Madrid gracias a la mandarina de Llull a 3s del final del partido. En Sacramento no pisó la cancha prácticamente: 12 minutos de media, 5.4 puntos, pero cero gravitación. Y es lógico. No tiene casi nada que en la NBA se valore: IQ, pausa. Nada de velocidad y un tiro discreto. Volvió a Olympiacos y fue otra vez el dueño de todo. Ningún ejemplo más claro.
El último ejemplo es Vasilije Micic. El serbio ganó todo con Anadolu: 2 Euroligas en donde fue MVP de la Final Four en ambos, más un MVP de serie regular. Estaba listo para la NBA. Parecía. Porque su tamaño (1.95), le daba ventajas para ser base, más allá de no ser un gran tirador. Para resumir su experiencia, podríamos decir que luego de firmar en OKC en julio del 2023, lo metieron en 4 trades, hasta que Milwaukee, coincidencia, lo cortó el 6 de juio del año pasado, dos años después de llegar.
Micic no tuvo lugar en el Thunder que ya amenazaba con convertirse en un gran equipo y en Charlotte tuvo su luna de miel, llegando a promediar 10.8 puntos, más allá de que el equipo era una lágrima. Pero Charlotte lo mandó a Phoenix, Phoenix se lo devolvió 4 meses después, y los Hornets lo terminaron mandando a Milwaukee, donde terminó la historia. Micic no lo hizo tan mal, pero no encajó nunca. Fue el que más jugo le sacó en lo económico (15 millones por 2 años), pero poco más. Y ahora, el Hapoel Tel Aviv se lo llevó para ser el jugador más caro de Europa (4.6 millones de euros netos). No está pasando su mejor momento en la Euroliga, pero marca diferencias.
Conclusión. Si sacamos al extraterrestre Doncic, de cuya partida de todos modos ya pasaron 7 años, los tops de Europa fueron a la NBA y se volvieron sin alcanzar sus objetivos. Y perdiendo plata, porque incluso Micic podría haber ganado más en Europa en su aventura yanqui de dos años. Nivel diferencia cada vez más marcado, una forma de jugar que también se diferencia cada vez más, una predominancia del físico deteminante y un acople o adaptación que no permite tomarse mucho tiempo. Parece algo cada vez más inflexible, roto solamente por aquellos jugadores que ellos terminan moldeando, como Jokic, Wemby o Giannis. No hay lugar para los formados y criados en FIBA.
Publicado en Básquet Plus.
Comentarios
Inicia sesion para comentar