Hay carreras que se miden en títulos, otras en estadísticas. La de Maximiliano Ríos se mide en kilómetros, desafíos y una obstinación que parece no conocer el paso del tiempo. “Feliz de comenzar mi temporada número 30 como profesional… nuevo país, nuevo destino, nuevos desafíos”, escribió, con la misma pasión intacta desde aquel lejano 1997.
A sus más de 40 años, el escolta de 1,81 metros sigue en movimiento. No es una metáfora: su historia es la de un jugador que hizo del mundo su cancha. Argentina, Estados Unidos, Luxemburgo, Portugal y Perú forman parte de un mapa personal que en 2026 sumará una nueva escala: Paraguay. Una bitácora deportiva que pocos pueden exhibir y que lo posiciona como uno de los grandes trotamundos del básquet nacional.

Formado en Regatas de San Nicolás, Ríos fue construyendo una trayectoria sólida y diversa. Supo ser campeón del TNA con Quilmes de Mar del Plata, celebrar en la Liga Federal con Jáchal de San Juan y dejar su huella en clubes como Rosario Central y Ciclista Juninense, entre muchos otros. Pero más allá de las camisetas, su sello siempre fue el mismo: un escolta tirador, confiable, con liderazgo silencioso y una ética de trabajo innegociable.
Lejos de limitarse al parqué, también apostó a su formación personal. En Estados Unidos se graduó como psicólogo en Clayton State University, sumando una mirada integral que, seguramente, también influye en su manera de entender el juego y sostenerse en el alto rendimiento durante tanto tiempo.
Treinta temporadas después, la escena se repite: bolso listo, destino nuevo y la misma ilusión. Porque para Ríos, el básquet no es solo una profesión. Es, definitivamente, una forma de vida que todavía tiene capítulos por escribir.
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