El clásico correntino tuvo dueño desde el salto inicial. Y fue visitante. Regatas salió decidido a imponer condiciones, a jugar el partido con la seriedad de un equipo que sabe lo que quiere y que entiende el valor simbólico del duelo. La primera pelota perdida por San Martín fue casi una premonición: del otro lado, el Fantasma no perdonó. A partir de allí construyó una superioridad contundente, tanto en lo anímico como en lo basquetbolístico.
El 9-28 del primer cuarto no solo marcó una diferencia en el tablero, sino también en la actitud. El equipo mostró fluidez ofensiva, circulación paciente y una eficacia demoledora desde el perímetro. En el segundo segmento la distancia se amplió con triples que silenciaron al Fortín Rojinegro y llevaron el marcador a un lapidario 21-53 antes del descanso largo.
Con Exequiel Lezcano y Juan Cruz Ferreyra como estandartes —17 puntos cada uno—, Regatas sostuvo intensidad, criterio y lectura de juego. Del lado local, Franco Aguerre fue el más claro con 12 unidades, pero el Rojinegro recién encontró el aro con mayor regularidad en el tercer cuarto.
El conjunto dirigido por Diego Checenelli bajó levemente la presión, aunque jamás el control. Cada intento de reacción tuvo respuesta inmediata. Lezcano volvió a marcar el ritmo y Benjamín Marcó aportó su cuota de personalidad cerrando el tercer período con un triple sobre la chicharra que dejó el marcador 39-69 y terminó de inclinar la balanza emocional del clásico. El último cuarto fue de administración inteligente. San Martín intentó maquillar la diferencia, pero Regatas ya jugaba con la serenidad de quien tiene el partido resuelto. El 85-60 final fue una declaración de autoridad.
Más allá del resultado, el mensaje fue claro: el Fantasma no solo gana, sino que juega con convicción. Y en un clásico, eso pesa el doble. Con este triunfo, Regatas se consolida en el segundo puesto y ya piensa en su próximo compromiso: volverá a ser visitante en el Fortín Rojinegro este miércoles 18 frente a La Unión. El andar del Remero ilusiona. Y en Corrientes, cuando el clásico queda teñido de celeste, la ciudad lo siente.
Comentarios
Inicia sesion para comentar